El orden de los factores, ¿altera el producto?

Entrevista: Ariel Terrero

Entrevistado: Arturo Huerta y Andrew Wolf

Fecha de la Entrevista: 08/02/2017

imagen del entrevistado

Una política meramente reformista, que propicie el crecimiento económico interno, incluido el del sector privado nacional, adquiere en las actuales circunstancias un carácter revolucionario, opinó el miércoles el mexicano Arturo Huerta, al criticar prácticas fiscales y financieras que dejaron a América Latina vulnerable ante el gran capital financiero internacional.

En una conferencia titulada “La política económica de la inestabilidad versus la política macroeconómica del crecimiento”, el profesor del Instituto de Investigaciones Económicas, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), atacó un modelo que ha privilegiado la disciplina fiscal y la reducción del gasto, la misma que defendería poco después, en la misma sala, el invitado del Fondo Monetario Internacional (FMI).

A juicio de Huerta, las exigencias de reducir el déficit fiscal, impuestas a las naciones latinoamericanas, intentan evitar un endeudamiento que desestabilizaría la moneda. “El problema es que la disciplina fiscal ha llevado a restringir la actividad económica, el ingreso de las empresas y de los individuos y genera problemas de insolvencia y de desempleo.” La consecuencia, el endeudamiento.

Esta política -evaluó- está dirigida a frenar la participación del Estado en políticas de inversiones y económicas que favorecerían el crecimiento y el control de los sectores económicos estratégicos. En una coyuntura de debilitamiento financiero, al país no le queda más remedio que abrirse a la privatización para atraer capital suficiente que garantice la estabilidad de la moneda, de acuerdo con otra de las exigencias habituales
del FMI y el Banco Mundial.

En opinión del economista mexicano, los países latinoamericanos deben estructurar políticas fiscales, monetarias, crediticias y comerciales más abiertas al gasto, que favorezcan el crecimiento económico y el bienestar. Por ejemplo, un tipo de cambio competitivo, que frene las presiones externas sobre las empresas locales. De acuerdo con la percepción de Huerta, hasta ahora ha ocurrido lo contrario: las políticas monetarias han tenido un carácter restrictivo, con altas tasas de interés, que ha provocado una merma de la competitividad del sector externo frente al gran capital privado internacional y esto, a su vez, ha abonado un proceso de desindustrialización en las economías latinoamericanas.

La visión de Andrew Wolf, Jefe de la División México-Caribe del FMI, resultó mucho más optimista. América Latina -dijo- está disfrutando de un proceso de expansión y estabilidad económica. Aunque reconoció cierta desaceleración del crecimiento, consideró que la economía mundial
brinda a la región un escenario favorable.

Desde el punto de vista interno, estimó como una condición positiva la mayor independencia que se les ha otorgado a los bancos centrales en países latinoamericanos, y cada vez más gobiernos han adoptado metas de inflación.

En contradicción con ponentes anteriores, que abogaron por menores tasas de interés para dar ventajas a las producciones nacionales frente a la competencia externa, Wolf invirtió los términos y colocó la reducción de las tasas de interés como una consecuencia posible del crecimiento económico.

En línea con un cambio de lenguaje observado recientemente en los organismos financieros internacionales, el representante del FMI reconoció la importancia de que los gobiernos prevean políticas de gasto en infraestructura, salud, educación y seguridad, para reducir la pobreza y las desigualdades sociales, pero defendió el papel de una estabilidad presupuestaria y fiscal, como condición previa.

Fiel también a principios que han favorecido al capital privado internacional, recomendó políticas enfocadas hacia el mercado internacional, así como la eliminación de barreras comerciales y la flexibilización del mercado laboral.

Y la cocina quedó encendida, una vez más, para calentar la polémica.